Argentina: El Laberinto del Empleo Formal sin Salida a Corto Plazo, Según FIEL

La Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL) proyecta que el empleo formal privado en Argentina no se recuperará antes de 2028, marcando un preocupante estancamiento estructural. La economía experimenta un crecimiento asimétrico, impulsado por sectores capital-intensivos, que no logran generar puestos de trabajo masivos. Paralelamente, la informalidad laboral ha escalado significativamente, impactando negativamente en la recaudación tributaria y la sostenibilidad del sistema previsional. Para los inversores, este escenario implica riesgos fiscales elevados, oportunidades sectoriales concentradas y una volatilidad política persistente, con el consumo interno bajo presión. Se requiere una estrategia de inversión selectiva y un horizonte de largo plazo.
Argentina: El Laberinto del Empleo Formal sin Salida a Corto Plazo, Según FIEL
El panorama laboral argentino presenta un desafío estructural de proporciones, con proyecciones que posponen una recuperación significativa del empleo formal privado hasta, al menos, el año 2028. Esta desalentadora perspectiva, delineada por el director de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), Juan Luis Bour, subraya una dicotomía preocupante en la economía del país: un crecimiento sectorial que no se traduce en la creación de puestos de trabajo estables y registrados.
Un Crecimiento Asimétrico y la Expansión de la Informalidad
Argentina se encuentra en un ciclo donde la actividad económica, cuando repunta, tiende a concentrarse en sectores capital-intensivos. Minas, petróleo y, en menor medida, el sector agropecuario, han sido los motores de este crecimiento selectivo. Sin embargo, estos segmentos no son grandes generadores de empleo masivo. En contraste, las industrias tradicionalmente intensivas en mano de obra —como servicios, comercio, construcción e industria manufacturera— languidecen, incapaces de generar la competitividad y productividad necesarias para dinamizar el mercado laboral formal.
Esta asimetría ha provocado una migración forzada hacia la informalidad. Datos recientes del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) revelan que la informalidad laboral alcanzó un preocupante 44.2% en el primer trimestre de 2026, un aumento considerable respecto al 41.4% registrado a finales de 2023. Simultáneamente, el empleo asalariado registrado ha sufrido una contracción de más de 350,000 puestos desde noviembre de 2023. Aunque el número de monotributistas, o trabajadores independientes, ha crecido en más de 169,000 en el mismo período, esta modalidad no compensa la pérdida de la estabilidad y los beneficios de un empleo formal, ni contribuye de la misma manera a las arcas del sistema previsional y tributario.
Raíces Profundas de un Problema Estructural
La parálisis del empleo formal no es un fenómeno reciente. Según Bour, esta tendencia se arrastra desde hace más de una década y media, con un estancamiento palpable desde 2010. Durante este período, cualquier crecimiento del empleo se ha canalizado predominantemente hacia modalidades precarias. La actual administración del presidente Javier Milei ha heredado y, en cierta medida, profundizado esta tendencia al priorizar una política cambiaria que mantiene un tipo de cambio apreciado. Esta estrategia, si bien busca anclar la inflación, se convierte en un obstáculo para la competitividad de sectores exportadores y aquellos que requieren una profunda reconversión, como la construcción y parte de la industria.
La falta de cambios regulatorios que faciliten la contratación y una desinflación acelerada, que no da margen a las empresas para adaptarse, son factores adicionales que complican el escenario. La desocupación total, que ascendió a 7.8% en el primer trimestre de 2026 desde 6.9% en el mismo periodo de 2023, es otra manifestación de esta compleja situación.
Discrepancia en Proyecciones y el Factor Electoral
Las proyecciones oficiales de crecimiento económico, que anticipaban una expansión cercana al 5% para el año en curso, parecen desfasadas de la realidad, con estimaciones más realistas de entre 1.7% y 1.8%. Esta discrepancia subraya la dificultad de implementar reformas estructurales en un contexto de alta inestabilidad. La paradoja de una mayor recaudación tributaria apuntalada por una inflación persistente, en lugar de por una expansión productiva genuina y sostenible, agrava la complejidad del escenario fiscal.
El horizonte de los próximos 12 a 15 meses, marcados por el ciclo electoral, añade una capa de incertidumbre. Se anticipan posibles rebotes en sectores muy específicos, pero sin una recuperación generalizada que impacte significativamente el mercado laboral. La solución, según los analistas, trasciende la mera inversión en grandes proyectos extractivos; requiere de una transformación productiva y regulatoria profunda que recién podría empezar a dar frutos a partir de 2028.
Qué significa para los inversores
Para los inversores, este panorama implica considerar varios factores cruciales:
- Riesgo Fiscal y Previsional: La persistencia de la informalidad y la caída del empleo formal erosionan la base de aportes al sistema previsional y la recaudación tributaria. Esto ejerce presión sobre las finanzas públicas y aumenta la vulnerabilidad fiscal del Estado, impactando la percepción de riesgo soberano.
- Oportunidades Sectoriales Concentradas: Los sectores capital-intensivos como la minería, energía (petróleo y gas) y el agro pueden continuar atrayendo capital. Sin embargo, los inversores en sectores de consumo masivo, retail, construcción e industria ligera deben ser cautelosos, ya que la debilidad del mercado laboral formal limita el poder adquisitivo y la demanda interna.
- Volatilidad Política y Regulatoria: El año electoral intensificará el debate sobre reformas laborales y políticas económicas. La falta de consenso o la implementación de medidas que no aborden las causas estructurales del problema podrían generar mayor volatilidad en los mercados.
- Impacto en el Consumo Interno: La precarización laboral y la persistencia de la inflación afectan directamente la capacidad de consumo de la población. Las empresas dependientes del mercado interno podrían ver limitadas sus proyecciones de crecimiento.
- Perspectiva de Largo Plazo para Inversión Productiva: Una recuperación sostenida del empleo formal requerirá estabilidad macroeconómica, reformas estructurales profundas y una mejora de la competitividad en los sectores rezagados. Los inversores con horizontes de largo plazo deberán monitorear la evolución de estas reformas y la capacidad del país para atraer inversiones en áreas generadoras de empleo. La paciencia y una selectividad rigurosa serán claves.
En síntesis, la Argentina enfrenta un complejo entramado donde el crecimiento económico por sí solo no garantiza la prosperidad laboral. La transición hacia un modelo más inclusivo y generador de empleo formal será un proceso lento y desafiante, con implicaciones significativas para la inversión y la estabilidad macroeconómica a mediano y largo plazo.