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Argentina revoluciona el financiamiento comercial: los cupones de tarjeta de crédito se transforman en activos negociables

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Argentina revoluciona el financiamiento comercial: los cupones de tarjeta de crédito se transforman en activos negociables

El Banco Central de Argentina (BCRA) impulsa un proyecto para convertir los cupones de tarjetas de crédito en activos digitales negociables, buscando reducir las altas tasas de financiamiento que pagan los comercios. Esta reforma, que podría estar operativa para 2027, pretende aumentar la competencia entre bancos e inversores al ofrecer una nueva clase de activos de bajo riesgo. La iniciativa busca integrar estos instrumentos al mercado de capitales, potenciando el financiamiento para pymes y diversificando las opciones de inversión, a pesar del escepticismo de algunos actores sobre la reducción automática de costos.

El Banco Central de la República Argentina (BCRA) se encuentra en una fase avanzada de un proyecto que podría redefinir drásticamente el acceso a la liquidez para miles de comercios en el país. La iniciativa busca transformar los cupones de ventas con tarjeta de crédito en instrumentos digitales y transferibles, abriendo la puerta a su negociación en un mercado más competitivo y, potencialmente, a tasas de descuento significativamente menores.

Un Nuevo Paradigma para el Financiamiento de Comercios

Actualmente, los comercios argentinos que operan con tarjetas de crédito enfrentan plazos de liquidación que varían entre 15 y 25 días. Para adelantar esos cobros y acceder a liquidez inmediata, recurren a mecanismos de descuento que implican tasas elevadas, a menudo entre el 15% y el 18% directo. Este escenario limita el capital de trabajo de las pymes y encarece sus operaciones diarias. La propuesta del BCRA, enmarcada en la reforma del mercado de capitales impulsada por el ministro Federico Sturzenegger, tiene como objetivo principal democratizar este proceso.

El núcleo de la reforma reside en la digitalización y estandarización de estos derechos de cobro. Una vez transformados en títulos valores electrónicos negociables, los cupones podrán ser ofrecidos a una diversidad de actores financieros: bancos, inversores institucionales y plataformas de financiamiento. Esta competencia multiactor se espera que presione a la baja las tasas de descuento, ofreciendo a los comercios una mayor libertad para elegir las condiciones de financiamiento que mejor se adapten a sus necesidades.

El Mecanismo Detrás de la Promesa

El sistema contemplará que los derechos de cobro sean plenamente digitales, garantizando trazabilidad, seguridad y confidencialidad. Para ello, el BCRA ha lanzado un proceso de selección de la infraestructura tecnológica que registrará la titularidad de los cupones y facilitará su transferencia. Compañías como COELSA, cuyos accionistas incluyen a varios bancos importantes, ya han manifestado su interés en desarrollar esta plataforma clave. Se estima que el sistema podría estar operativo para mediados de 2027, aunque las definiciones regulatorias y la selección de operadores son pasos cruciales pendientes.

Un aspecto fundamental que sustenta la viabilidad de esta iniciativa es el bajo riesgo crediticio asociado a estos cupones. El riesgo no recae en el comercio vendedor, sino en el banco emisor de la tarjeta, que es quien debe efectuar la liquidación. Esto convierte a los cupones en activos de vencimiento corto (entre 5 y 25 días) y atractivo para una gama más amplia de inversores, dado su perfil de riesgo predecible y respaldo institucional.

Integración al Mercado de Capitales y Precedentes

El proyecto no solo busca mejorar el financiamiento comercial, sino también integrar estos nuevos instrumentos al mercado de capitales. En una etapa posterior, se prevé que los cupones puedan ser elegibles para integrar fondos comunes de inversión abiertos, creando una nueva clase de activos líquidos y diversificando las opciones de inversión. Argentina ya cuenta con experiencia en la negociación de instrumentos para pymes, como los cheques electrónicos (e-cheques), pagarés y facturas de crédito electrónicas, lo que sienta un precedente favorable para la adopción de este nuevo esquema.

El modelo se inspira en la experiencia de Brasil, que desde 2021 cuenta con una regulación para el registro y negociación de derechos de cobro vinculados a ventas comerciales. Aunque el modelo brasileño interconecta varias entidades registradoras, el esquema argentino podría optar por un registro único o una configuración multioperador, adaptándose a las particularidades y la escala del mercado local.

Sin embargo, no todos los actores comparten el mismo optimismo. Los adquirentes (procesadores de pagos) expresan escepticismo sobre si la nueva infraestructura garantizará una baja automática de las tasas, argumentando que los costos se ven afectados por componentes como los impuestos y las condiciones generales del mercado. Advierten, además, sobre los posibles costos operativos de este nuevo sistema, que podrían trasladarse a los usuarios finales.

Qué significa para los inversores

Para los inversores, la creación de un mercado secundario para cupones de tarjetas de crédito representa una oportunidad significativa para acceder a una nueva clase de activos de renta fija de corto plazo. Estos instrumentos, al estar respaldados por los bancos emisores de las tarjetas y no por el comercio individual, ofrecen un perfil de riesgo relativamente bajo y predecible. Podrían convertirse en una alternativa atractiva para fondos de liquidez, fondos comunes de inversión de corto plazo y tesorerías corporativas que buscan diversificar sus carteras y optimizar rendimientos en horizontes temporales reducidos. La integración en el mercado de capitales podría generar una mayor profundidad y liquidez, facilitando la securitización o la inclusión en carteras diversificadas, aportando estabilidad y una nueva fuente de rendimiento en el segmento de instrumentos de deuda a corto plazo. Además, para los inversores con un enfoque ESG (Ambiental, Social y de Gobernanza), invertir en estos instrumentos podría considerarse una forma de apoyar el financiamiento y el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas.