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Arriazu Desafía la Devaluación: La Clave Es Reducir el 'Costo Argentino', No Tocar el Dólar

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Arriazu Desafía la Devaluación: La Clave Es Reducir el 'Costo Argentino', No Tocar el Dólar

El economista Ricardo Arriazu, cercano al presidente Javier Milei, rechaza rotundamente la devaluación del peso argentino, argumentando que el tipo de cambio actual no está desalineado y que los importantes superávits comerciales y de cuenta corriente lo demuestran. Propone que la solución para la competitividad radica en reducir el "costo argentino", no en tocar la moneda, alertando sobre un posible riesgo político-cambiario en 2027 si las políticas no son sostenibles.

Ricardo Arriazu: La Firme Defensa del Tipo de Cambio Actual

El debate sobre la política cambiaria en Argentina ha vuelto a encenderse, y una de las voces más influyentes en el ámbito económico, Ricardo Arriazu, se ha posicionado de manera contundente en contra de quienes abogan por una devaluación. Cercano a la administración de Javier Milei, Arriazu ha calificado los pedidos de devaluación como un error fundamental, utilizando analogías provocadoras para ilustrar su punto de vista. Su tesis central es que el tipo de cambio actual no solo no está desalineado como algunos sostienen, sino que cualquier intervención brusca solo generaría mayores distorsiones en una economía ya dolarizada de facto.

El "Petiso" y el Metro: Una Analogía Contundente

Durante un evento organizado por la Cámara de Agentes de Bolsa, Arriazu disparó una frase que resonó con fuerza: "Pedir devaluar es como si el petiso pidiera devaluar el metro: en lugar de medir 1,5, mide 3 metros". Esta analogía subraya su convicción de que intentar alterar el valor de una moneda de manera artificial en una economía donde todos los precios se ajustan en cadena es inútil. Según Arriazu, cuando el tipo de cambio se mueve, la inflación se acelera, licuando rápidamente cualquier ventaja competitiva inicial y dejando a la economía en el mismo punto, o peor.

Arriazu es tajante al afirmar que "nadie sabe cuál es el valor de equilibrio" del dólar, argumentando que es el mercado quien lo determina. Sin embargo, despliega una serie de datos macroeconómicos que, a su juicio, contradicen la narrativa de un dólar "atrasado" o "desequilibrado".

Los Números que Sustentan la Postura de Arriazu

El economista presenta cifras que buscan desarmar los argumentos a favor de la devaluación. Argentina cerró el año 2023 con un superávit comercial robusto, de unos 10.500 millones de dólares, una mejora significativa respecto a déficits históricos. Para el año en curso, las proyecciones de Arriazu son aún más optimistas. Inicialmente estimó un superávit de 13.500 millones, luego lo elevó a 20.000 millones, para finalmente situarlo en unos impresionantes 28.000 millones de dólares. Según sus últimas estimaciones, el superávit comercial en los últimos 12 meses ya alcanzó los 27.000 millones de dólares.

Este panorama se complementa con un superávit en cuenta corriente que, según Arriazu, acumula 10.000 millones de dólares, cifra que pocos economistas hubieran imaginado hace un par de años (aunque en otra referencia, menciona 9.000 millones, consolidando la idea de un saldo positivo robusto). La fortaleza de estos indicadores se ve reflejada, según Arriazu, en la propia dinámica del mercado cambiario: "Si el Banco Central no comprara dólares para sus reservas, el dólar se desplomaría". Esto sugiere que existe una presión vendedora de divisas en el mercado, lo que indica que la oferta supera la demanda al tipo de cambio actual, una señal de fortaleza intrínseca del peso frente al dólar, no de debilidad.

Arriazu reconoce que algunas empresas enfrentan dificultades con el tipo de cambio actual, pero insiste en que el Gobierno no puede hacer más que mantener el equilibrio sin generar mayores distorsiones. Manipular el tipo de cambio sería, en sus palabras, un "error de principiante" o de "tonto", ignorando la capacidad de ajuste automático de la economía.

La Verdadera Solución: Reducir el "Costo Argentino"

En lugar de buscar soluciones efímeras a través de la devaluación, Arriazu propone una estrategia a largo plazo centrada en la competitividad. "Lo que tiene que pedir es hormona de competitividad y crecimiento", afirma, en referencia a la necesidad de "bajar el costo argentino". Este concepto engloba todos los factores que encarecen la producción y la inversión en el país: alta presión fiscal, burocracia excesiva, infraestructura deficiente y regulaciones laborales rígidas, entre otros.

Según el economista, sin una reducción estructural de estos costos, Argentina seguirá atrapada en el mismo ciclo de problemas, independientemente del nivel del dólar. El país se encuentra en un "escenario de oportunidad única", impulsado por factores como un clima favorable para la cosecha, precios internacionales del petróleo elevados debido a conflictos geopolíticos y acuerdos comerciales estratégicos con Estados Unidos y la Unión Europea. No obstante, advierte que la clave es "demostrar a la gente que no va a ser nuevamente estafada", rompiendo el péndulo histórico de avances y retrocesos que ha caracterizado la economía argentina.

La Mirada Hacia 2027: Un Riesgo Más Político que Técnico

Mirando hacia el futuro, Arriazu fue consultado sobre la posibilidad de una corrida cambiaria en el contexto de las elecciones de 2027. Si bien admitió que la probabilidad es "alta", introdujo un matiz crucial: la cantidad de pesos en la economía no es suficiente para superar las reservas disponibles del Banco Central. Esto sugiere que, desde una perspectiva puramente técnica, el riesgo es manejable.

Sin embargo, la vulnerabilidad no reside en la capacidad de defensa actual del Gobierno, sino en la política que aplique la administración que asuma después de los comicios. El riesgo cambiario es, por tanto, más político que técnico. Si el próximo gobierno no inspira confianza en la sostenibilidad de las políticas económicas, la corrida podría materializarse, independientemente de la solidez actual de las reservas.

En síntesis, Arriazu enfatiza que Argentina se encuentra en una encrucijada. La oportunidad para un crecimiento sostenido es real, pero depende de la voluntad política para implementar reformas estructurales profundas que reduzcan el "costo argentino" y generen competitividad genuina, en lugar de recurrir a la herramienta devaluatoria, que considera una falacia con efectos temporales y altamente inflacionarios. Ignorar esta oportunidad sería, a su juicio, un "fracaso" más en la historia económica del país.