El 'Efecto Arrastre' del BCRA Asfixia el Crédito y Dispara la Morosidad en Argentina

La Comunicación "A" 6558 del BCRA, conocida como el "efecto arrastre", está generando una crisis en el sistema crediticio argentino. Esta normativa obliga a los bancos a recategorizar a deudores como morosos si incumplen con otra entidad por el 40% o más de su deuda total, incluso si están al día con el banco principal. Esta situación, sumada a la contracción del crédito real y una morosidad que afecta a 5,3 millones de personas, frustra a los bancos, eleva las tasas para préstamos personales y obstaculiza la recuperación económica. Expertos y entidades financieras piden ajustes sistémicos a la regulación, mientras el BCRA descarta flexibilizaciones, argumentando que los bancos tienen capital suficiente.
El Laberinto del 'Efecto Arrastre': Una Regla que Multiplica Deudores
El sistema financiero argentino se encuentra inmerso en una paradoja regulatoria que está exacerbando la crisis crediticia y el nivel de morosidad. La Comunicación "A" 6558 del Banco Central de la República Argentina (BCRA), emitida en 2018, conocida como el "efecto arrastre", se ha transformado de un mecanismo de control marginal en una trampa masiva para millones de deudores y para las propias entidades bancarias. Originalmente concebida para evitar que las instituciones complacientes ocultaran riesgos en sus carteras, esta norma obliga a recategorizar a un deudor como moroso si ha caído en incumplimiento con otra entidad (como una billetera virtual o un banco secundario) y esa deuda representa el 40% o más de su pasivo total, incluso si el cliente está al día con la primera entidad.
La implicación práctica es devastadora: una persona con un historial impecable de pagos con su banco principal puede ver su calificación crediticia desplomarse por un tropiezo puntual en una deuda menor con otra institución. Este proceso se efectúa de forma casi automática a partir del mes siguiente a la notificación en la Central de Deudores, sin margen de apelación inmediata. Lo que nació como una excepción para casos aislados, en un contexto de baja mora, se ha convertido en la norma en un escenario de crisis económica y desplome del ingreso disponible, donde 5,3 millones de argentinos ya presentan problemas de pago.
La Frustración Bancaria y la Paradoja del Riesgo
Las entidades financieras expresan una profunda frustración ante esta situación. Argumentan que el "efecto arrastre" les impide diferenciar entre un deudor con un problema aislado y uno con un patrón de incumplimiento generalizado. Un banco que tiene un cliente al que le cobra sin inconvenientes, e incluso tiene privilegio de cobro sobre su sueldo, se ve forzado a replicar la mala nota asignada por otra entidad. Esta obligación no solo perjudica al cliente, sino que también limita la capacidad de los bancos para evaluar riesgos de manera granular y, por ende, para reactivar la colocación de nuevos créditos a las familias.
A la rigidez del "efecto arrastre" se suman los esquemas de "pérdidas incurridas" y "pérdidas esperadas". Estas normativas complejizan aún más la recuperación crediticia, exigiendo un mínimo de tres meses consecutivos de cumplimiento para que un deudor pueda escalar un solo nivel en su calificación y volver a "situación 1". Para las entidades más grandes, el modelo predictivo puede obligar a previsionar la pérdida estimada de toda la vida residual del crédito, implicando un "período de cura obligatorio de entre 6 y 12 meses antes de salir del estado de sospecha", como señala el economista Pablo Ferrari. Esto alarga artificialmente la sombra del incumplimiento, inhabilitando a potenciales buenos pagadores por un lapso considerable.
Estancamiento del Crédito y Morosidad Réccord
El impacto de estas dinámicas se refleja claramente en las estadísticas crediticias. El stock total de crédito desembolsado por los bancos ha crecido nominalmente un 33% en el último año, pasando de $73 billones a $97,5 billones, un avance que apenas iguala la inflación acumulada del período. En términos reales, esto representa una contracción significativa. Un año atrás, el crédito se expandía a tasas interanuales superiores al 100%; hoy, ese ritmo se ha desplomado a 1,3% interanual a fines de mayo, con una contracción mensual del 0,8% en junio, que se agrava al 7,6% si se incluyen las tarjetas de crédito.
El panorama de la morosidad es alarmante. Según un relevamiento de la consultora Analytica, 5,3 millones de personas, lo que equivale al 27% de quienes tienen algún tipo de financiamiento, ya enfrentan dificultades para pagar sus préstamos. Este fenómeno es más pronunciado entre los menores de 30 años. La cartera de familias, que concentra el 43% del total de préstamos otorgados por los bancos, es la que soporta el grueso de esta mora. La analista financiera Belén Ferrer advierte que “hay poco margen para ilusionarse con una recuperación del crédito bajo las condiciones normativas actuales”, ya que el "efecto arrastre" convierte un incumplimiento puntual en un evento sistémico para el deudor.
Tasas Asimétricas y el Debate sobre la Flexibilización
La problemática regulatoria y la elevada mora también distorsionan el costo del crédito. Mientras los adelantos en cuenta corriente para empresas han visto reducir su costo en 747 puntos básicos en lo que va del año (promediando un 25,1% de TNA), los préstamos personales apenas han bajado 42 puntos básicos, situándose en un oneroso 68,6% anual. Ferrari atribuye esta divergencia a los elevados niveles de mora que afectan a los créditos individuales, sumado a la necesidad de los bancos de cubrir riesgos de liquidez y el riesgo político de cara a 2027. La baja de la tasa pasiva solo beneficia el financiamiento comercial transitorio, no el crédito al consumo a largo plazo.
Ante este escenario, la postura del presidente del BCRA, Santiago Bausili, de descartar una flexibilización regulatoria, genera controversia. Bausili argumenta que “normativamente, lo único que podríamos hacer es alivianar requerimientos de capital, y hoy a los bancos les sobra capital.” En su visión, los bancos deben esperar a que la mora alcance su pico y empiece a descender, ya que una reducción del costo de capital no alteraría la realidad subyacente. Sin embargo, los bancos y expertos como Belén Ferrer cuestionan este enfoque, sugiriendo que el problema es de origen sistémico –resultado de tasas de interés disparadas y encajes elevados– y que, por lo tanto, la solución requiere ajustes sistémicos en los criterios de clasificación, en lugar de una espera pasiva. La norma del "efecto arrastre", que alguna vez fue una excepción, ahora impide la normalización del crédito y castiga severamente a millones de deudores, obstaculizando cualquier intento de reactivación económica y financiera para las familias argentinas.