Radiografía de la Mora Crediticia en Argentina: Bancos Respiran, Fintech Sufren

El mercado crediticio argentino exhibe un panorama complejo y divergente en agosto de 2026. La mora de las familias en el sector bancario tradicional experimentó un marginal, pero significativo descenso del 12,9% al 12,8%, marcando la primera reducción real en saldos de mora desde marzo de 2024. Esta mejora se atribuye a un esfuerzo récord en refinanciaciones, superando los $2,7 billones, y a una caída en la mora temprana, un indicador predictivo clave. Sin embargo, esta tendencia positiva no es generalizada; se concentra en grandes entidades y contrasta fuertemente con el sector no bancario, que incluye billeteras digitales y tarjetas de comercios, donde el incumplimiento escaló por vigésimo primer mes consecutivo, alcanzando un alarmante 33,9%. Esta brecha se explica por el perfil de riesgo de los deudores, tasas de interés más elevadas y una menor capacidad de refinanciación y regulación en el segmento fintech. Aunque existen señales de contención en la banca, la persistente debilidad en el crecimiento del crédito total y las crecientes expectativas de riesgo en las tasas forward para 2027-2028 sugieren que la recuperación será lenta y desafiante, anticipando una 'meseta prolongada' en lugar de una rápida mejora. Los deudores con obligaciones bancarias pueden encontrar oportunidades de negociación, mientras que aquellos con deudas no bancarias enfrentan opciones más limitadas.
Radiografía de la Mora Crediticia en Argentina: Bancos Respiran, Fintech Sufren
El panorama del crédito en Argentina dibuja dos realidades marcadamente divergentes respecto a la mora. Mientras las entidades financieras tradicionales muestran señales incipientes de una desaceleración en la mora de las familias, el segmento no bancario, que incluye billeteras digitales y tarjetas de comercios, continúa experimentando un deterioro sostenido, alcanzando niveles récord de incumplimiento. Esta dualidad subraya profundas diferencias estructurales y de perfil de riesgo entre ambos sectores, planteando desafíos distintos para el sistema financiero y los deudores.
Una Mora con Dos Velocidades
Los datos de agosto de 2026 revelan que la mora de las familias en el sector bancario tradicional descendió marginalmente del 12,9% al 12,8%. Aunque la reducción parezca mínima, su significado es profundo: interrumpe una tendencia de año y medio de presión alcista y, por primera vez desde marzo de 2024, se explica por una disminución real de los saldos en mora, no solo por un crecimiento del crédito total. Este detalle es crucial, ya que indica una mejora genuina en la capacidad de pago de ciertos deudores o, al menos, una contención efectiva de nuevas deudas impagas.
Sin embargo, esta leve mejoría no es universal. El informe de la consultora 1816, basado en datos del Banco Central, advierte que la irregularidad familiar aumentó en 17 de las 30 principales entidades financieras. Esto sugiere que la contención de la mora se concentra en bancos grandes con vastas carteras, quienes poseen la capacidad operativa para implementar programas de refinanciación a gran escala. Las entidades medianas y regionales, carentes de tal estructura, continúan observando un aumento en sus niveles de incumplimiento. "El dato promedio esconde una divergencia que importa mucho para el deudor según dónde tomó el crédito", señaló el analista de riesgo Leandro Casabona.
En contraste dramático, el segmento no financiero –que representa el 17% del crédito total a hogares y abarca desde tarjetas de comercios hasta billeteras digitales– vio su incumplimiento escalar por vigésimo primer mes consecutivo, alcanzando un preocupante 33,9%. Más de uno de cada tres pesos prestados fuera del sistema bancario se encuentra en situación irregular, una brecha abismal comparado con el uno de cada ocho pesos en mora dentro de los bancos. La situación se agrava al considerar que la mora de las empresas también experimentó un alza, del 3,6% al 3,8%.
Señales de Alivio y Frenos Estructurales
Pese a la complejidad, 1816 identifica dos indicadores adelantados que insinúan una posible mejora futura en la mora bancaria:
- Refinanciaciones en Máximo Histórico: El saldo refinanciado por los hogares ha superado los $2,7 billones. Cada deuda reestructurada deja de computar como irregular una vez que el deudor comienza a cumplir el nuevo esquema, lo que debería contribuir a una disminución de los ratios de mora en los próximos meses. El superintendente de Entidades Financieras del BCRA, Juan Curutchet, destacó que los bancos manejan unas 115.000 refinanciaciones de clientes por mes.
- Caída de la Mora Temprana: La deuda calificada en "Situación 2" (retrasos de hasta 90 días, aún no considerada mora formal) cayó en agosto al 2,7%, su valor más bajo en un año. Este indicador es altamente predictivo, ya que una contracción en la mora temprana suele anticipar un techo en la irregularidad agregada, señalando una desaceleración en la entrada de nuevos deudores en dificultades.
No obstante, estas señales de alivio vienen con importantes advertencias. La velocidad real de caída del ratio de irregularidad está íntimamente ligada a la recuperación del crédito en general, que actúa como denominador. Actualmente, el crédito no se está recuperando. El stock de crédito en pesos al sector privado se mantiene estancado, similar a los niveles de julio de 2025. Esto implica que, aunque los deudores regularicen su situación, el ratio de mora podría moverse muy lentamente si el crédito total no crece, generando una "meseta prolongada" en lugar de una mejora rápida. La economista Victoria Marchetti explica que "las refinanciaciones sacan gente de la mora pero no reactivan el crédito, porque el que acaba de reestructurar no vuelve a pedir prestado por un buen tiempo. Sin crédito nuevo, el denominador se queda quieto".
Además, existe una "luz amarilla" en el horizonte macroeconómico. Un salto de hasta el 20% anual en la tasa forward en dólares entre un AO27 y un AO28, que mide las expectativas del mercado sobre el costo del dinero en dólares a futuro, sugiere que los inversores están descontando un riesgo adicional significativo para ese período. Esto podría impactar en la disponibilidad y el costo del financiamiento futuro, frenando aún más la recuperación crediticia.
La Grieta del Sector No Bancario: Un Desafío en Aumento
La profunda brecha en la mora entre el sistema bancario y el no bancario se explica por varios factores estructurales:
- Perfil de los Deudores: Las entidades no financieras a menudo atienden a segmentos de la población con menor acceso al crédito bancario tradicional, implicando un perfil de riesgo más elevado.
- Costo del Financiamiento: Las tasas de interés que cobran estas entidades duplican, en promedio, las de los bancos, elevando la carga financiera y la probabilidad de incumplimiento.
- Capacidad de Refinanciación y Regulación: Los bancos cuentan con sólidas estructuras de recupero y programas de refinanciación a escala, además de estar sujetos a una regulación más estricta del Banco Central. El sector no bancario posee menos herramientas y menor supervisión sobre la gestión de sus carteras de deuda.
Esta diferencia tiene consecuencias directas para los deudores. Según el Instituto Argentina Grande, casi 900.000 personas ya tenían sus deudas transferidas a casas de cobranza en julio, con una concentración significativa en pocos actores. Para aquellos con deudas bancarias, el momento actual podría ser propicio para negociar reestructuraciones, dado el interés activo de los bancos en sanear sus carteras y ofertas como la del Banco Nación (tasa del 29%) o Banco Ciudad (28%). En contraste, las obligaciones con billeteras o fintechs ofrecen opciones más limitadas, ya que este segmento carece de programas equivalentes y no está cubierto por planes provinciales de refinanciación supervisados por el BCRA.
Conclusión: Una Estabilidad Frágil y un Camino Lento
En síntesis, el mercado crediticio argentino se encuentra en una encrucijada. Si bien existen indicios de estabilización, e incluso una leve mejora, en la mora bancaria, esta tendencia es frágil y desigual. La contención se logra principalmente a través de un agresivo esfuerzo de refinanciación por parte de los grandes bancos y una desaceleración en la entrada de nuevos morosos. Sin embargo, la persistente debilidad en el crecimiento del crédito total y el creciente riesgo en el segmento no bancario, sumado a las expectativas de mayor riesgo futuro en las tasas, sugieren que la senda hacia una recuperación sólida y generalizada será lenta y desafiante. Para el deudor individual, la importancia radica en identificar la naturaleza de su obligación para aprovechar las oportunidades de negociación que el sector bancario está ofreciendo, mientras que el ecosistema fintech enfrenta la necesidad urgente de fortalecer sus mecanismos de gestión de riesgo y refinanciación. La atención del mercado se centrará en cómo el sector no regulado abordará su creciente crisis de incumplimiento.