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Riesgo Empresarial en Argentina: La Morosidad se Dispara Pese a la Expansión del Crédito

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Riesgo Empresarial en Argentina: La Morosidad se Dispara Pese a la Expansión del Crédito

La morosidad empresarial en Argentina se ha quintuplicado en dos años, alcanzando el 3,7% del total de préstamos, aunque se mantiene por debajo del récord de 2020. Este aumento ocurre a pesar de una significativa expansión del crédito corporativo, impulsada en gran medida por financiamiento en dólares, lo que genera preocupaciones por posibles descalces cambiarios. Las pequeñas y medianas empresas, junto con los sectores de construcción y comercio, son los más afectados por esta tendencia, lo que subraya la fragilidad de ciertos segmentos de la economía y plantea riesgos para el sistema financiero y los inversores.

La economía argentina se encuentra en una encrucijada, donde la expansión del crédito corporativo, impulsada en parte por el gobierno de Javier Milei, coexiste con un alarmante incremento de la morosidad empresarial. Este fenómeno, que ha visto quintuplicarse el monto de préstamos en situación irregular en los últimos dos años, plantea serias interrogantes sobre la sostenibilidad de la recuperación económica y los riesgos inherentes para el sector financiero y los inversores.

El Telón de Fondo: Expansión Crediticia y la Incertidumbre Cambiaria

Desde finales de septiembre de 2023 hasta junio de 2026, el stock de préstamos a empresas en Argentina ha pasado de representar el 5,7% al 9,8% del Producto Interno Bruto (PIB). Este crecimiento, que evidencia un esfuerzo por revitalizar el financiamiento corporativo tras años de restricciones, ha tenido un motor principal: el crédito en moneda dura, que se disparó del 0,8% al 3,5% del PIB en el mismo período. La flexibilización del acceso a dólares para las empresas buscaba inyectar liquidez y fomentar la inversión.

Sin embargo, este avance no está exento de riesgos. La apreciación cambiaria, una de las características de la política económica actual, genera un descalce monetario potencial para aquellas empresas que se endeudaron en dólares sin coberturas adecuadas. Si bien la morosidad actual (3,7%) se mantiene por debajo del pico del 8,1% registrado a principios de 2020 –un año marcado por la pandemia, el default de Vicentin y fuertes controles cambiarios–, la rapidez de su crecimiento es motivo de preocupación. La historia reciente de la economía argentina, con su volatilidad cambiaria intrínseca, subraya la necesidad de una gestión de riesgos prudente por parte de las empresas y una supervisión atenta por parte de las entidades financieras.

Radiografía de la Morosidad: Sectores y Escalafones

El deterioro de la calidad crediticia no afecta a todos los segmentos por igual. Un análisis de Equilibra revela una clara disparidad: los sectores más castigados son la construcción y el comercio, con tasas de morosidad del 7,7% y 6,5% respectivamente. Estas actividades son particularmente sensibles a las fluctuaciones del ciclo económico local y a la capacidad de consumo de los hogares, que se ha visto mermada por la alta inflación y las políticas de ajuste. La parálisis de la obra pública y la caída del poder adquisitivo impactan directamente en la capacidad de repago de estas empresas.

En el otro extremo, actividades consideradas ‘ganadoras’ en la actual configuración económica, como la intermediación financiera, la minería y la energía, presentan niveles de irregularidad inferiores al 0,5%. Estos sectores, a menudo vinculados a la exportación o con flujos de ingresos dolarizados, se benefician de las condiciones macroeconómicas actuales. El sector agropecuario, a pesar de ser un pilar exportador, muestra una tasa de 4,3%, un nivel intermedio que podría reflejar desafíos específicos o una mayor atomización en su estructura empresarial.

El Talón de Aquiles: Las PyMEs bajo Presión

Uno de los focos más críticos de la morosidad se concentra en las pequeñas y medianas empresas (PyMEs). Los datos son contundentes: para préstamos inferiores a ARS$5 millones, la mora asciende al 9,3%. Este segmento, que representa el 60% de las firmas endeudadas, pero solo el 0,2% del crédito total, es el más vulnerable. A medida que aumenta el monto de los préstamos, la tasa de irregularidad disminuye significativamente, llegando al 1,8% para créditos superiores a ARS$3.800 millones, que, si bien corresponden a apenas el 1% de las firmas, concentran casi el 74% del financiamiento.

Esta heterogeneidad es crucial. Las PyMEs suelen tener menor capacidad de acceso a mercados de capitales, dependen más del crédito bancario tradicional, poseen estructuras de costos menos flexibles y son más susceptibles a shocks económicos. Su menor tamaño y recursos limitados dificultan la gestión de los riesgos cambiarios o de tasas, lo que las deja expuestas en un entorno de alta incertidumbre económica. La situación de las PyMEs no es solo un problema de crédito, sino un indicador de la salud del tejido productivo nacional.

Implicaciones para Inversores y el Sistema Financiero

Para los inversores, el aumento de la morosidad empresarial en Argentina representa una señal de alerta. Aquellos con exposición al sistema bancario local deben monitorear la calidad de las carteras de préstamos, especialmente en segmentos vulnerables como las PyMEs y sectores específicos como la construcción y el comercio. El deterioro de la calidad de activos podría presionar la rentabilidad de las entidades financieras, a pesar de las tasas de refinanciación ofrecidas por bancos como el Nación.

En el mercado de capitales, la situación exige una mayor diligencia en el análisis de bonos corporativos y acciones de empresas argentinas. La capacidad de repago de las empresas, su estructura de deuda (especialmente la dolarizada) y su exposición a los sectores de mayor riesgo deben ser factores clave en la toma de decisiones. El actual debate parlamentario sobre un proyecto de alivio a deudores morosos refleja la gravedad del problema y la presión política para encontrar soluciones, lo que podría implicar nuevas regulaciones o programas de asistencia.

Mirada a Futuro: Desafíos y Escenarios

El desafío para Argentina radica en cómo gestionar este crecimiento de la morosidad sin frenar la necesaria expansión del crédito. Un escenario optimista implicaría una estabilización económica que permita a las empresas generar flujos de caja suficientes para honrar sus compromisos, quizás con el apoyo de políticas crediticias que incentiven la reestructuración de deudas. Sin embargo, si la recesión se prolonga o la volatilidad cambiaria se intensifica, el riesgo de un mayor deterioro de la cartera de préstamos es considerable, lo que podría ralentizar la recuperación y desincentivar futuras inversiones.

La evolución de la morosidad empresarial en Argentina será un termómetro clave para evaluar la resiliencia del sector productivo y la efectividad de las políticas económicas. La diversificación de riesgos, la solidez de los balances corporativos y la capacidad de las PyMEs para adaptarse a un entorno cambiante serán determinantes para el futuro del crédito y la inversión en el país.